Acuérdate de Guerrero: documental para comprender Ayotzinapa

Sí me acuerdo de mi estado natal, pero sé tan poco de él. Nací en Pilcaya Guerrero, un pueblo de 11 mil habitantes ubicado al norte del estado y que colinda con poblados del Estado de México, como Tonatico e Ixtapan de la Sal.

Recuerdo las paredes deslavadas donde practicaba mi incipiente lectura como a los seis años. Casi siempre en letras tricolores, se promovía al candidato en turno para gobernar el municipio, o al gobernador que ya le tocaba. El apellido Figueroa me era tan familiar: “Rubén Figueroa Figueroa. Vota PRI”, “Rubén Figueroa Alcocer. Vota PRI”.

me acuerdo. Encuentro en mis memorias la pequeña biblioteca en el centro del pueblo. En la entrada, arriba, había un letrero que decía: “Partido Revolucionario Institucional, PRI” y abajo en letras más pequeñas: “Biblioteca Pública”, casi toda mi infancia creí que así se llamaba, cuando en realidad compartían el edificio. El primer piso era para consultar libros y el segundo para reunir a los afiliados del partido de siempre, del partido en el poder, del partido oficial, del eternamente PRI.

Supe que no sabía nada de Guerrero — salvo que se llamaba así, por el aguerrido héroe de independencia Vicente Guerrero — cuando a los 19 años tuve que tomar varios autobuses para alcanzar a unos amigos en una playa en la costa chica de Guerrero. Era temporada alta, no había viajes directos y para llegar en un día, mi ruta forzosamente tenía que ser: Pilcaya — Ixtapan de la Sal — Iguala –Chilpanchingo — Acapulco — Marquelia — Playa Ventura.

Esperando en las terminales, transbordando, viajando en camiones y al preguntarle a la gente cómo llegar, entendí que no sabía nada de mi estado. Era una extranjera. ¡Qué tristeza, qué vergüenza, qué burguesita de casa clasemediera!. Aunque donde nací también había pobreza y abandono, me sorprendió el transporte público, la precariedad de las estaciones, la suciedad, el desorden, los servicios, la gente que cargaba costales y canastos de un lado a otro; los acentos al hablar, los invisibilizados afrodescendientes, los de color negro que amables me preguntaban de dónde era y a dónde iba, y me daban consejos de viaje mientras rebotábamos en un camión guajolotero.

Ya más grande, supe que el tal Figueroa Alcocer, había sido gobernador de Guerrero y responsable de una matanza de campesinos en 1995, en Aguas Blancas, hijo del también cacique y represor Rubén Figueroa Figueroa, “el Tigre de Huitzuco”, pero no comprendía muy bien los hechos, el origen de todo, la “mala fama” de los guerrerenses bravos y cabríos. Fui a escuelas públicas de Guerrero y el Estado de México, como millones de mexicanos, crecí ignorando hechos trascendentales, con lagunas y distorsiones tan propias de la historia oficial.

Hace poco publicaron en línea Acuérdate de Guerrero (2016), un documental de Daniel Varela Gasque que aborda la violencia política en este estado durante los últimos sesenta años. De acuerdo a su director, surgiría al preguntarse: ¿Por qué algunas manifestaciones por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, han desembocado en violencia? ¿Por qué los padres de los 43 culparon desde el inicio al ejército y al gobierno? ¿Por qué ha habido tanta violencia en Guerrero y cómo podremos detenerla?

Narrado por el actor Daniel Giménez Cacho, en los primeros minutos entendemos que la cinta no abordará a profundidad el caso de Ayotzinapa, donde “no existen respuestas fáciles”, pero explicará convulsos episodios históricos, en donde la desaparición de los 43, es el capítulo más reciente de una historia marcada por miseria, corrupción, protesta, represión, impunidad y violencia.

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Cartel oficial del documental.

Entre 1974 y 2016, en Guerrero se han reportado 28 mil 472 casos de desapariciones aún sin resolverse. Es la tierra donde el 66.5 % de su población vive en pobreza y en donde ocurrieron 2 mil 54 homicidios al cerrar el 2018.

¿Por qué tantos desaparecidos? ¿Quién era Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, por qué luchaban estos líderes guerrilleros, reportados en la prensa como delincuentes en los años sesenta y setenta?

El hilo narrativo incluye entrevistas con familiares de desaparecidos; con víctimas de torturas y abusos, ex guerrilleros y miembros de organizaciones como el Partido de los Pobres, la Asociación Cívica Nacional (ACNR), la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) y el Comité Eureka.

Se trata de un trabajo de investigación contra el olvido, pues conoceremos las raíces de movimientos estudiantiles y campesinos guerrerenses y la brutal respuesta del gobierno con matanzas como la cometida en la Alameda Granados Maldonado en Chilpancingo (1960), las perpetradas en Aguas Blancas (1995) y El Charco (1998), entre otras.

La Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero, reconoce más de 500 desapariciones forzadas, cometidas durante el periodo conocido como Guerra Sucia, — o terrorismo de Estado, como debería llamarse, según víctimas y activistas — aquel lapso de represión militar efectuado entre los años sesenta y setenta, cuyo objetivo era disolver movimientos políticos y armados que se oponían al partido hegemónico del país, el PRI.

En Acuérdate de Guerrero, se recuperan testimonios de quienes sobrevivieron a lo sucedido en la comunidad de El Quemado en 1972, entre otros escalofriantes y reprobables casos, y nos recuerda que las víctimas del terrorismo de Estado de los setenta y de las masacres campesinas de los noventa, no han obtenido justicia, reparación, reconocimiento. Sus historias han sido borradas o criminalizadas en la historia; son un dolor latente y un recordatorio de que “el olvido no detendrá la violencia”, como anuncia el cartel oficial de la película.

Acuérdate de Guerrero, es una contra-respuesta a la verdad oficial que quedaría simbólicamente sintetizada en aquella canción que ayudó a promocionar al puerto de Acapulco, desde los años cincuenta. “Acuérdate de Acapulco” aquella primera línea de la canción “María Bonita” de Agustín Lara, nos presentaba un lugar paradisiaco que prometía a sus visitantes paz, placer, belleza y tranquilidad, pero más adentro, la tierra ardía con su gente empobrecida y silenciada. Y sigue ardiendo, esperando verdad, justicia, paz, salir de la pobreza.

Si hubiera visto este documental en la secundaria o en la preparatoria…

Los realizadores han decidido publicarlo en línea de manera libre.

Más información en sus redes: Facebook/Acuérdate de Guerrero

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