La gente de las disqueras no son hermanitas de la caridad: Sr.González

Publicado previamente en portal Mónica Maristain.

Hay una larga historia del rock hecho en México que inició en los años cincuenta, es una historia desconocida, subterránea y de resistencia, donde ha habido prohibiciones, rechazos, bloqueos y estigmas, pero también autogestión, compromiso y autenticidad de muchas bandas y músicos que han creado desde el espíritu crítico y rebelde propio del género, pese a todo, con todo en contra.

Lo anterior es sostenido por Rafael González Villegas (el Sr. González), en su libro 60 años de Rock Mexicano (1990–2016) Volumen III, el último de una serie donde le anteceden el Volumen I que abarca de 1956 a 1979 y el Tomo II de 1980 a 1989.

Músico, productor y escritor, el Sr. González, ha vivido desde dentro momentos claves de esta crónica, al tocar desde los años ochenta en grupos como Parthenón, Hiperfonía, Baraja y Botellita de Jérez; al producir a otros dentro una disquera independiente y al impulsar su propio proyecto El Sr. González y los Cuates de la Chamba, donde ha grabado siete discos.

En entrevista, relata el tiempo que le implicó este trabajo titánico y las dificultades que tuvo para sacar la última publicación. “Fueron tres años y medio antes de que saliera el primero en 2016. Ensayaba y tocaba con Botellita, el resto de tiempo lo dedicaba a investigar y escribir”. El Volumen I y II los realizó con lo que era Ediciones B; el tercero, ante la falta de interés, lo lanzó independientemente, se presentó en diciembre de 2019 y luego llegó el coronavirus, cambiando todos los planes para difundirlo.

El último libro, al igual que los otros, describe el contexto social de cada periodo en el cual surgieron bandas y proyectos solistas, mismos que son descritos a través de fichas que incluyen datos duros sobre su trayectoria, integrantes y discografía, además de una breve anécdota o declaración relevante.

No se trata de una enciclopedia como se pretendía en un principio, más bien es una invitación a comprender la historia del rock mexicano, “que no se parece a ninguna otra en el mundo”, asegura el compositor, además de un camino para escuchar la música creada por tantas personas desde un sitio más claro, entendiendo las condiciones y sucesos de nuestro país.

Avándaro y las décadas siguientes

“Yo empecé ingenuamente pensando que tenía un gran conocimiento del medio al que pertenezco, pero al investigar cambiaron varias ideas que tenía. Lo primero que me sorprendió, fue que la historia que yo pensaba fragmentada, en realidad tiene una continuidad, no hay eslabones perdidos, hay una consecución de sucesos que van conformando esta gran historia”, comenta, al preguntarle si durante la investigación hubo algo que modificara su visión.

El Sr. González pertenece a la generación rockera de los ochenta que buscaba crear un rock en español que reflejara lo que sucedía en el país, con una identidad propia, por eso explica que sentía una especie de resentimiento con los rockeros de principios de los setenta, la generación de Avándaro, porque hasta antes de sumergirse en aquella época, consideraba que su negligencia en aquel legendario concierto (Valle de Bravo, 1971), había provocado la proscripción del rock por parte del gobierno, disqueras y medios de comunicación, impidiendo su evolución.

“Cuando entiendo qué fue lo que sucedió, pues sí, hubo negligencia pero definitivamente fueron víctimas de su tiempo. Había intentos por generar obra propia pero no era a partir de la realidad mexicana, tenían su mirada en el exterior, en la Onda Chicana (letras en inglés, psicodelia), esa desconexión con lo que sucedía aquí fue lo que les hizo darse un golpe de frente con la realidad, contra el Estado mexicano. El PRI aprovechó esto para prohibir toda aglomeración juvenil, les tenían miedo”.

La última obra comienza describiendo un acontecimiento muy importante como el levantamiento zapatista en 1994, donde muchos músicos se comprometieron inmediatamente: Santa Sabina, Botellita de Jerez, Guillermo Briseño, Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Caifanes, Café Tacvba, Juguete Rabioso, Real de Catorce, entre otros, momento del cual el Sr. González fue parte al organizar conciertos masivos que apoyaban el movimiento.

“Cuando sucede este movimiento, fue increíble ver como muchas bandas se comprometieron, nos sentimos muy identificados. Es una circunstancia bien diferente, si la generación de Avándaro estaba muy concentrada en lo formal, en lo estético, donde el contenido no estaba conectado con la realidad mexicana, en los noventa, es todo lo contrario, esas bandas estaban muy comprometidas con lo que sucedía. También veníamos de los ochenta con la bandera de cantemos en español, el Terremoto del 85, la Huelga del CEU en la UNAM”, recuerda entre una cascada de acontecimientos y emociones.

La industria del rock que no acaba de llegar

–Hay quien dice que nunca ha existido una industria del rock, tú hablas de una industria débil que no acaba de consolidarse, ¿por qué?

–Ha habido industria pero muy insípida, incipiente, que realmente le ha funcionado a muy pocas bandas, no termina de generarse. La gente de las disqueras no son hermanitas de la caridad, ni están pensando en promover la cultura, son empresas y lo que quieren es ganar dinero. Cuando viene lo de Rock en tu Idioma en los ochenta, no fue una cuestión de apoyo al rock nacional, querían meter al mercado bandas españolas, argentinas, de Iberoamérica. Fue a partir de que una compañía discográfica BMG/Ariola, ve la oportunidad de hacer la campaña de Rock en tu Idioma a finales de los ochenta, cuando otras disqueras se abren.

–También los medios de comunicación ni antes ni ahora han abierto muchos espacios, quizá sólo para las bandas más reconocidas. ¿De verdad somos una sociedad tan conservadora?

–En la sociedad mexicana predomina el conservadurismo, pero en donde se toman decisiones y hay dinero, también hay conservadurismo. Pero todo tiene una historia, cuando sucede lo de Avándaro, el brazo mediático del priismo era Televisa, cuando deciden proscribir el rock, no había entrada en la televisión, en la radio, ni en las revistas que tenía Televisa, ni en las compañías disqueras que también tenía, y por ende, las otras disqueras también dejaron de grabar rock porque no había donde promoverlo. Nunca ha terminado de haber una apertura para algo que está ahí y para lo que también hay un público.

–Hay muchos periodistas, incluso músicos, que dicen que lo que se hace aquí no es rock, que no hay calidad, tú dices que no crees en los purismos, das una definición del rock más abierta, mencionas que conocer esta historia te generó orgullo…

Dicen eso porque no lo conocen y si lo conocen es quizá una pose, una herencia de los sesenta y setenta donde la mirada estaba puesta afuera. Hubo a quien le pasó de largo que el rock se nacionalizó, que hay una versión de rock mexicano, así como hay un rock argentino, alemán; quizá no les guste, pero de eso a decir que no existe, lo considero un error. Una cosa que sostengo es que el rock siempre ha sido híbrido, nunca ha sido puro. Siempre se ha alimento de otros géneros, hablar de un rock puro es absurdo. En México hemos asimilado lo que llega de fuera y nuestra propia cultura, si no estás dispuesto a entender esto, pues dices cosas como eso.

Se queda reflexionando y agrega: “A veces esas polémicas son por pose, por esta idea de que el periodismo siempre tiene que ser crítico y también somos muy malinchistas, eso no deja de estar en músicos, periodistas y públicos”.

–Eso que tanto escuchamos: “El rock ha muerto”, pero siguen surgiendo bandas por aquí y por allá en condiciones tan difíciles

–Es que lo ha dicho mucha gente, cada generación ha dicho que el rock ha muerto cuando oye lo nuevo que viene. El rock ha sido un Ave Fénix, renace de sus cenizas continuamente. Si su esencia es la rebeldía, mientras haya jóvenes habrá rebeldía, lo que pasa es que va cambiando, no es lo mismo los jóvenes que se rebelaban contra sus padres con bailes sensuales, que la rebeldía política; el jipismo que cuestionaba la religión, la familia, que proponía el amor libre, la ecología. El rock ha acompañado esto y ha envejecido también, porque sigue habiendo gente que ya está grande, como yo (risas), a la que le siguen inconformando cosas. En ese sentido somos adolescentes, porque adolecemos de algo, nos falta algo y eso va de la mano para crear rock.

–Es una pregunta difícil pero, ¿qué tendría que cambiar en el México actual para que le vaya mejor al rock nacional, a quienes hacen la música?

¿Qué tiene que pasar?… uff, si lo supiéramos, muchos estaríamos en otro lado (risas). Confío mucho en la autogestión, es una lección aprendida desde aquellos conciertos en los noventa, que tampoco es nada nuevo. La industria no está para apoyarte, si tú no generas tu propia forma para que pasen las cosas no pasarán, eso hace que te vuelvas un todólogo, eso no está padre, uno como músico quisiera sólo componer, tocar, pero tienes que pensar en estrategias. Si eres lo suficiente inteligente, quiero pensar que tendrás un impacto, y si hay otros que no lo son tanto, puedes ayudar, fue lo que intenté hacer con Discos Antídoto, pero ahí me falló la relación con los medios, eso ha cambiado, la red plantea otras posibilidades. De todos modos no ha sido fácil encontrar el esquema para que funcione. En ese sentido, estos libros ayudan a saber dónde estamos parados.

Una gigantesca crónica narrada desde adentro

–¿Fue difícil escribir sobre músicos que conoces, de amigos? me refiero a la imparcialidad, ¿cómo lo manejaste?

Pues decidí no pelearme con eso, es una historia contada desde dentro. Si bien entiendo que hay una carga de subjetividad en lo que estaba haciendo, por otro lado procuré ser lo más veraz posible. Hay una parte que son datos duros, de eso no hay duda, la parte sabrosa de los libros estuvo básicamente en narrar las historias. Recurrí a la memoria, consulté con amigos, hay muchas anécdotas, búsqueda hemerográfica, pedazos de entrevistas de otros libros. Quise hacer una narración muy cronicada, es como una gigantesca crónica.

–¿Cuál fue el criterio para elegir a los que están? se quedaron muchos proyectos en el escritorio, son muchísimas bandas (137 en el Volumen III)

–Tuve limitaciones de tiempo y espacio. De por sí, al principio Ediciones B quería una enciclopedia, por eso empecé a hacer mis fichas y el texto comenzó a crecer. Al principio iban a ser 500 grupos, pero les propuse quitarnos la camisa de fuerza de la cantidad y hacer una narración de la historia del rock mexicano donde aparecieran las bandas más representativas de una escena que es amplia. Fueron las más representativas.

El Sr. González se muestra optimista, dice que no cree estar viendo el fin del rock tantas veces anunciado, que mientras haya jóvenes y no tan jóvenes pero inconformes, resistirá, que quizá es cuestión de esperar para que se renueve, pues con o sin pandemia, el rock en el mundo está como en un limbo, y tampoco es el producto pop del momento.

De la escena mexicana actual, opina que existen varias pero están dispersas: “Tiene que haber una cohesión entre músicos para que se vuelva a captar la atención de la gente. No ayuda que la industria no está interesada, por otro lado, la inmediatez, esta rapidez que no permite la cohesión. Se están priorizando músicas muy superficiales, banales, pero quiero pensar que existe un público para la música que hacemos, ese público junto con las bandas debe volver a generar una escena”.

En 2009 enfermó de cáncer, después de dos años de convalecencia se recuperó. Aunque la historia del rock podría ser un coro de quejas y reclamos, se le escucha tranquilo y confiado en que la música seguirá. Trabaja en su próximo libro sobre los discos que marcaron un antes y un después en el mundo; también en su proyecto Combo Movox con Zaira Franco y en temas inéditos que graba a distancia con los integrantes de su antigua banda, Baraja.

Blog de periodismo cultural, social, musical. Dolencias existenciales, historias, reflexiones, cavilaciones.

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