La noche de 12 años: el encarcelamiento de Pepe Mujica y otros Tupamaros

Es el otoño de 1973. La década de los años setenta avanza al ritmo de las dictaduras que se gestan en el Cono Sur de América. Uruguay está bajo un gobierno militar tras el golpe de Estado del 27 de junio del mismo año.

Comenzaría un periodo oscuro que duraría hasta 1985, donde las Cámaras de senadores y representantes serían disueltas; los partidos políticos y sindicatos prohibidos; la autonomía universitaria, las libertades de prensa y expresión destrozadas. Para el opositor o disidente: persecución, tortura y cárcel.

Tres prisioneros son vigilados y despreciados en particular. No pueden matarlos, pero la misión militar es clara: a los agitadores Tupamaros habrá que volverlos locos.

José Alberto “Pepe” Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, son los tres presos; son militantes del Movimiento de Liberación Nacional — Tupamaros (MLN-T). Desde los años sesenta eran parte de un movimiento político de izquierda que creía en la lucha armada y en la guerrilla urbana como vías para transformar el poder y lograr una sociedad más igualitaria y democrática.

Así comienza La noche de 12 años, una película de Álvaro Brechner (coproducción España, Argentina, Uruguay y Francia), estrenada en 2018 y que hoy es posible encontrar en la plataforma Netflix.

Ganadora del Premio Goya al mejor guion adaptado (2019), entre otros premios, la cinta se basa en el libro Memorias del calabozo, de Rosencof y Fernández Huidobro, dos de los sobrevivientes que posteriormente relatarían el aislamiento de 12 años al que fueron sometidos para testimoniar lo vivido y para no olvidar a muchos otros que fueron reprimidos, asesinados o desaparecidos durante esta etapa.

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El encarcelamiento de los tupamaros

En los últimos años, cuando Pepe Mujica llegó a la presidencia de ese país (2010–2015) y volteamos al sur para saber más de aquel hombre que se había convertido en un referente de austeridad por su manera de vivir y hablar, por sus críticas al neoliberalismo y por los resultados de su política social, nos enteramos que había sido torturado y encarcelado durante algunos años, pero a veces, los datos biográficos no dimensionan lo vivido, no logran llevarnos al fondo de las realidades, quedan como un rasgo relevante, lamentable, y hasta ahí.

La noche de 12 años nos acerca mucho más a esas historias negras de represión, tortura y precipicios creados para destruir a los desafiantes, a los luchadores e idealistas; nos hace imaginar lo que se debe sentir en los confinamientos obligados y en los infiernos de soledad y silencio donde está prohibido todo: la luz solar, escribir, hablar con alguien más, con uno mismo, donde hay que extender la creatividad para inventar una manera de comunicarnos, como dar golpes discretos en la pared para descifrar un código que nos ayude a nombrar, decir, gritar, sin pronunciar ninguna palabra.

“Un día, cuando calculamos que no saldríamos vivos (o cuerdos) de aquellas tumbas, nos juramentamos, hablando con leves golpes en la pared, desde una mazmorra a la otra, que cualquiera de los dos que sobreviviera, testimoniaría… para que el sacrificio no fuera en vano”, escribieron los autores del libro que inspiraría la película, misma que también contribuye a no caer en la desmemoria, a que las nuevas generaciones lo sepan, a que no haya olvido o nos quedemos en la superficie del dato histórico.

No hacen falta muchos diálogos, ni imágenes crudas e hiperrealistas del martirio perpetrado, para ser atravesados y conmovidos por la trama. Basta seguir el deterioro y resistencia de los personajes, separados, incomunicados, constreñidos al ensimismamiento extremo, movidos de una cárcel a otra como parte de la estrategia de degradación corporal, mental y espiritual.

Convertidos en rehenes, Pepe Mujica, interpretado por Antonio de la Torre, Mauricio Rosencof (Chino Darín) y Eleuterio Fernández (Alfonso Tort), serían –como lo refiere la historia y la cinta– un trofeo de guerra utilizado para inmovilizar al Movimiento de Liberación Nacional.

“Cualquier cosa que hiciera el MLN sería contestada con la muerte o el castigo corporal en esos nueve militantes. Ergo: rehenes en el sentido neto de la palabra”, se lee en la introducción de Memorias del calabozo. Adolfo Wasem, Raúl Sendic, Jorge Manera, Julio Marenales, Jorge Zabalza, Henry Engler, serían los otros prisioneros “señalados por la pezuña de la tiranía”.

Como es sabido, José Alberto Mujica llegaría a ser presidente de Uruguay, Mauricio Rosencof un reconocido escritor que ha publicado muchos libros y ocupado un cargo como Director de Cultura en el gobierno municipal de Montevideo en 2005; Eleuterio Fernández Huidobro, “El Ñato”, continuaría con su carrera política que lo llevaría a ser Ministro de Defensa Nacional durante el mandato de Mujica y fallecería en 2016 ejerciendo el mismo cargo, pero en la segunda presidencia de Tabaré Vázquez.

Detrás de sus victorias políticas, cargos, libros, militancias y batallas, está lo sucedido en los 12 años de un cautiverio atroz y muchos otros momentos de lucha, porque sin duda, ésta es una gran historia de resistencia, también de fortaleza y esperanza. “Nos propusimos demostrar que el ser humano, piense como piense, puede resistir tal tamaño de crueldad sin pasar a ser bestia o planta. Sin mineralizarse”.

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Fotograma en internet de La noche de 12 años.

Una película que debe verse y sentirse

Aunque hay una enorme distancia en los hechos, los motivos y la magnitud del daño, resulta inevitable relacionar este episodio de encierro, confinamiento y aislamiento de los tres líderes políticos uruguayos, con lo que vivimos actualmente ante la emergencia sanitaria causada por el coronavirus.

Claro, claro, no se puede comparar una celda oscura, fría y silenciosa donde se respira miedo, desolación, hambre y maltrato durante 12 años, con nuestro mandato o invitación a permanecer en la comodidad de nuestras casas durante dos o tres meses, al lado de familiares, o solos con nuestro internet y refrigerador lleno.

Creo que relacionar ambos sucesos quizá nos ayude a dimensionar cada uno y ubicarnos cuando nos llega la desesperación, provocar reflexiones más profundas sobre cómo resistimos y cómo lo han hecho otros en condiciones infinitamente más complejas.

A mí esta película me incitó preguntas hondas: ¿Realmente por qué luchamos y qué nos sostiene frente a lo que nos parece lo peor? ¿Qué es verdaderamente el encierro y el aislamiento? ¿Qué es la esperanza, cómo se cultiva? ¿Cómo se sale de algo así? ¿Cómo nos pueden formar, transformar o destruir las situaciones límite? ¿Se le puede ganar a la locura, al tiempo “perdido”? ¿Siempre habrá algo mejor, algo más después de escenarios de muerte, enfermedad, incertidumbre y desesperanza? ¿De quién o de qué depende? ¿Cómo se regresa para comenzar o seguir, una vez más?

Publicado previamente en Revista Consideraciones

Blog de periodismo cultural, social, musical. Dolencias existenciales, historias, reflexiones, cavilaciones.

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