Un blues en la penumbra: la novela musicalizada de Tere Estrada

Es un frío sábado 13 de enero, pero adentro lo hemos olvidado, esperamos sentados en las butacas de la sala de conciertos El Dinosaurio del Museo Universitario del Chopo, presionamos con un par de aplausos como diciendo ya estamos aquí, ¿ustedes están listos?

Ella sale y se instala en el centro del escenario, luce un pantalón estampado, colorido y acampanado de los años sesenta, una blusa blanca de manga larga y una pañoleta del mismo color en la cabeza. Ha tomado su guitarra, luego de unos acordes al aire, nos aclara: “estoy probando eeh”, se va. Después de unos minutos, Tere Estrada regresa para iniciar la presentación de su octavo disco Un blues en la penumbra, canciones realizadas para musicalizar su primera novela que lleva el mismo título.

Su voz se funde con el sonido acústico de unas cuerdas, canta Mujer de sal… /Soy mar, soy de ti/ Mujer de sal/Soy mar soy de ti/Mujer cristal. Es ella, su guitarra y voz potente, a ratos susurrada para esta pieza.

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Tere Estrada presentando su nuevo disco y novela en el Museo Universitario del Chopo.

Las luces se apagan y se encienden en una esquina, el timbre inconfundible y cálido de la actriz Marisol Gasé nos introduce en la historia de Ámbar, la voz cristalina, una cantante mexicana de los años sesenta y setenta, personaje intenso que vivió momentos históricos convulsos del rock y el hippismo con el Festival de Avándaro, la psicodelia, la matanza del Jueves de Corpus y la experimentación con chamanes como María Sabina.

“Ámbar querida. Cómo olvidar aquella vez que se fue la luz en el Teatro Degollado. Tenías un vestido rojo fuego, unas plataformas doradas, tu pelo amarrado con un chongo. Estabas cantando “Estréchame” y los asistentes empezaron a chiflar. Te deslizaste como fantasma y empezaste a cantar a capella entre los pasillos. De pronto la gente se calló y sólo veían una sombra. Parecías aquel fantasma que dicen se aparecía en el teatro. Tu voz sonó potente y cálida. Hiciste una versión que jamás te volví a escuchar. Estabas tan enamorada en ese tiempo que rebosabas miel. Fuiste un ángel rojo que hipnotizó a todos los escuchas. Me dieron escalofríos. Era como si el teatro siempre hubiera sido tu casa e invitabas a todos a quedarse a vivir ahí. A bailar, a cantar, a reír, a vivir con tu voz… nos hacías flotar y desear abrazarnos unos a otros. Ámbar querida gracias por toda la magia que nos regalaste. Te extraño amiga, qué ganas de abrazarte y reírnos juntos… ¡Esas giras al Bajío fueron espectaculares!” (fragmento de la novela)

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Marisol Gasé leyendo fragmentos de la novela Un blues en la penumbra.

Vuelve la música, mientras Marisol nos leía, la banda de la compositora y cantante se instaló sigilosamente. Joel Mujica en el bajo, Luis Díaz en la batería, Dana Hernández en las percusiones, Javier Méndez en el teclado, Octavio Patiño Blue en el sax y Margú Meredith en el violín, tocarán los distintos ritmos que implicó esta producción.

Así van sonando temas como La voz, mi camino, un swing en donde lucen los teclados y la voz de Tere se permite el juego del género. Todo el concierto se desarrolla así, primero música, luego pedacitos de la novela que poco a poco nos sumergen en la vida de Joaquina o Ámbar, en sus alegrías, batallas, melancolías, miedos, pasiones, amores y desencuentros con la ya desde entonces complicada industria musical.

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La música también es una marea emocional, Florezco por dentro, nos atrapa con su violín intenso y un saxofón sensual. Con su voz encendida nos describe uno de los enamoramientos del personaje central.

Estréchame, es una súplica de apapachos en bossa nova que nos pone en ese ánimo, luego nos enternecemos con Tortuguita consentida, una canción de cuna con voces y palmas al ritmo de una chilena que musicaliza el amor de Ámbar por su hijo, más adelante podemos mecer el cuerpo y la cabeza con el funk de Vamos Gato y Madre del rocanrol, para después caer al abismo con la instrumental, emotiva y melancoloquísima Luna en el agua.

Escucha, escucha esta canción que hice para ti, ¿la recuerdas? Es “Luna en el agua”. El Gato empezó a tocar una melodía agridulce con su trompeta. Joaquina lo escuchaba a oscuras, sentada en la sala de su casa. Por los ventanales veía cómo la luna llena se reflejaba en el mar sereno. Se acordó de esas sesiones de grabación donde ella quería que su voz lo atara como soga. Su canto emprendió el vuelo y comenzó a improvisar una melodía sobre lo que él tocaba. Las ondas de sus emisiones se fundieron en un mundo aparte donde la luna sostiene al mar y el mar conserva la luna en sus profundidades. Las lágrimas mojaron los teléfonos tanto en México como en Puerto Rico.

En la última parte del concierto vienen las oscuras y explosivas A oscuras y sin blues y Un blues en la penumbra, en ellas se raspa la voz y cada instrumento, rockerísimas, más cercanas a la furia que al lamento, la banda suena poderosa. Es la música para los últimos fragmentos que Marisol Gasé nos lee impecablemente, en el tono emocional perfecto.

A diferencia de otras presentaciones Tere Estrada ha hablado poco, sus sonrisas abiertas se han guardado para el final. “Gracias por estar aquí, quiero invitar a Mayita y Verónica Campos, su hija, a subir al escenario. Vénganse para acá”.

La cantante chilena de blues y jazz quien llegó a México en 1967 para quedarse, una de las pioneras del rocanrol y blues mexicano que participó en legendario concierto de Avándaro, sube al escenario al lado de su hija.

La banda toca la última canción ¿Qué guardan tus silencios? un rock festivo, prendido y energético que cierra con los coros agudísimos de Mayita y Verónica: “Qué, dime qué, qué viaje o qué puerta me conduce a ti, qué, dime qué, qué viaje o qué puerta me conduce a ti”. Arriba se baila, se canta sin freno como lo incita la música, abajo el público se mueve, algunos nos paramos y seguimos el ritmo con las palmas.

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Mayita y Verónica Campos, las invitadas de la noche.

“Dedico esta obra a todas esas rockeras de los años sesenta y setenta, a esas sirenas que se atrevieron a nadar en los mares embravecidos del rocanrol”, dice la cantautora y socióloga, quien ha documentado el olvidado papel de ellas en la música, con su infaltable libro Sirenas al ataque: historia de la mujeres rockeras mexicanas.

Luego de recuperarse de la descarga energética, abraza a sus invitadas, agradece a su reina chula, Marisol Gasé por estar presente a pesar de que estaba enferma. La despedida va acompañada de aplausos, risas, más agradecimientos.

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Me voy con la historia musicalizada dentro, queriendo leer la novela que nos sitúa en aquella época efervescente que definió muchas cosas que hoy vivimos, que abrió brecha, que rompió creencias, mitos, castrantes conservadurismos, ataduras religiosas, patriarcales y familiares, que experimentó y nos dejó tanta música y la invitación a ser libres.

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Parte del concierto y narraciones de la novela a cargo de Marisol Gasé
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La novela en formato digital se consigue aquí

El disco un Blues en la penumbra se consigue aquí

Blog de periodismo cultural, social, musical. Dolencias existenciales, historias, reflexiones, cavilaciones.

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